Llevaba en sus entrañas el recuerdo de un patio andaluz, testigo mudo de sus primeros años de vida.
Cuando la nostalgia apretaba fuerte es allí donde se refugiaba, en lo más profundo de su ser, donde vislumbraba el cielo azul y el sol ardiente de Andalucía.
—Esta niña está completamente asalvajada, siempre descalza y ¡Dios mío!, qué greñas, a ver si alguien es capaz de cortarle el pelo o hacerle un moño como tiene que ser—exclamaba la abuela, cada vez que se cruzaba con Valle, la niña huérfana que habían acogido—. Yo la mandaba al internado a que aprenda modales. Harta de oír tantos sermones y amenazas Valle arremangó su vestido de yute y corrió veloz por la pradera hacia el bosque. Cuando entre los árboles encontró una choza abandonada decidió que sería su hogar. Desde entonces vive libre rodeada de pájaros y ardillas que le susurran secretos del lugar y la alertan en caso de peligro. Recoge bayas y plantas con las que prepara brebajes variados y a menudo la visita el boticario que discretamente ojea su libro de recetas.
El lugar se ha quedado a oscuras, llegó la noche y no se encendieron las farolas. Debido al inminente derribo del barrio se ha cortado el suministro de electricidad. Poco a poco se fueron yendo los vecinos, ya no queda nadie salvo el viejo Anselmo que se niega a abandonar su hogar. Por la noche una luces parpadeantes iluminan sus ventanas, son las velas que ha colocado por todo el apartamento.
Al día siguiente llegan los operarios de la empresa de demolición, mientras un equipo de servicios sociales se presenta al domicilio. Después de forzar la puerta encuentran al anciano sentado en un sillón, un perro a sus pies. Parece dormido, junto a él en una mesita baja, un vaso de agua y un tubo vacío de somníferos.
Palma, La Ciutat como la llaman los mallorquines: su imponente Catedral (La Seu) donde entra la luz a borbotones a través de sus 61 vidrieras y rosetones, con su altar-baldaquín del altar mayor obra de Antoní Gaudí que realizó desde 1904 a 1914; el espectacular mural de la Capilla del Santísimo (2007) de Miquel Barceló. A su lado la Almudaina nos recuerda su pasado árabe. Un paseo por sus callejas del casco histórico nos introduce en su memoria. Luego nos dirigimos hacia la Plaça de la Llotja para llegar a Es Baluard, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, instalado entre las murallas de la antigua fortaleza.
La Almudaina y la Seu frente a la bahía de Palma
Palacio Real de la Almudaina
Catedral de Palma (La Seu)
En el patio de la Almudania
Capilla del Santísimo
Figura fantasmagórica de Cristo Resucitado
Capilla del Santísimo
Interior de la Seu
Los Baños Árabes
Entrada a los baños árabes
Precioso patio de la Escuela de Idiomas
Bonito rincón donde charlar o descansar
Emulando al espíritu salvaje de Miró
En el Ayuntamiento sigue colgando el lazo morado del Día Internacional de la Mujer
El olivo centenario en la Plaça de Cort
Curioseando
Curioseando
Puerta de Sa Llotja
Sa Llotja y su arquitectura gótica
El huevo de piedra en una plazoleta cerca de Es Baluard
Entrada a Es Baluard
Al atardecer se recorta la figura del Castillo de Bellver
Como si nada la anciana prestaba atención a lo que comentaban los dos viejos carcamales sentados a su lado. La pagan para eso, para escuchar las conversaciones de los demás, no sea que todavía existan disidentes del régimen. Aparentemente estos dos no parecen peligrosos, piensa la mujer, solo se cuentan chistes verdes.
La mirada fija en el semáforo, Fabricio espera a que se ponga verde y arranca el coche ipso facto sin ver el muchacho que cruza en aquel instante. Mientras las batas verdes de los cirujanos intentan recomponer el cuerpo desolado del crío, Fabricio desde el puente observa las aguas verdes del río que le atraen, le atraen…